Geografía interior.

septiembre 1, 2008

Marte

marte.

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futuro (de las planicies eternas) 1.

la playa que Daniel 1 vio en las canarias, hecha de arena negra y pequeñas piedras blancas y brillantes, es seguramente la misma que, con los siglos, Daniel 25 verá en su peregrinar hacia la nada. la misma que, dos mil años después, estará reducida a miles de bancos de sales grises y uniformes, ubicadas entre pequeños lagos que habrán de proliferar como un recuerdo perverso del mar. el dolor que siento me hace soñar con caminar solo, por cientos de años, sobre la playa post-apocalíptica; pensar que el alma puede asumir la forma de la silueta de los miles de kilómetros de océano desértico, inmutable, y monótono. olvidarme de volcanes y montañas. asumir y dominar al llano eterno, hecho de arena y polvo, saber observar el horizonte invariable desde cada punto cardinal. acoger dentro de mí a la planicie infinita, libre de accidentes a la manera de la más virtuosa de las vidas. peregrinar sin rumbo.

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para J.P.

desde por la mañana tengo el único propósito de vivir aún más de lo que la vida tiene para darme. como Oshima al amanecer, procuro cuidar de mi cuerpo, leer mucho y pasar un par de horas intentando entender como las melodías suben, bajan y dan vueltas, mientras a mano alzada intento capturarlas en el papel. buscar más, vivir más, abrir mi cuerpo y mi mente como dos redes que capturan lo que encuentran a su paso, buscando los elementos para saber cómo podría la vida aparecerse con más violencia frente a mí, para predecir mi gran encuentro con el vendaval. saber cómo cazar, saber cómo estar desnudo, sin miedo y sin inhibiciones, limpio de obstáculos interiores, sin reticencias, sin consideración alguna por la propia integridad. desmitificando el dolor, lanzándome a las fauces de la vida, liberándome de mi mismo. ¿cómo encontrar un nivel de embriagues tan absurdo y tan prolífico como para permitirme intentarlo a toda hora? ¿cómo llegar más y más lejos?

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mon petit vulcan. 1.

ahora que el mundo se cargó de tí, lo pierdo al sentir que te pierdo. ahora que te instalaste en mis palabras, y sabiendo a ciencia cierta que habito en el entrecruce de las palabras –en su choque azaroso y violento-, siento que te he cedido mi más profunda casa. eres la escritura de mi mente y de mis manos. busco que no invoques ni te invoque en mi la poesía, para que el dolor no te traiga en forma de palabra. al alejarte de mí me alejo, al perderte me pierdo, al buscar como enmudecerme para que no aparezcas siento que me hago invisible. me hundo en la marea de todo lo que eres. (mon petit vulcan. you’re eruptions and disasters. i keep calm admiring your lava. i keep calm).

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mon petit vulcan. 2.

lo más difícil es no apelar a la vulgar autocompasión o a la idealización de lo vivido. son miles los momentos confusos, a veces brutales y a veces sanamente irrelevantes. lo curioso es que todo lo que me acontece desde hace algunos meses, la intensidad de lo que ocurre, las dimensiones impensables del enamoramiento, del deseo y del dolor no requieren que las sobre adjetive puesto que, por el contrario, encuentro casi imposible hallar un orden en el idioma, una forma de escritura tal que logre hacerles justicia. esas dimensiones, las que se me aparecen invocando y siendo invocadas por varios recuerdos, ingresaron a mi vida y me tomaron por sorpresa como si fueran ajenas, casi como si no provinieran de mi mente. ellas se desbordaron en mi alma como una creciente imparable, se apoderaron del torrente de mi mente, de mi habla, de las palabras y los significados que constituyen mi relación con lo que hay afuera. –lo permití confiando, erradamente, que del otro lado los caminos se bifurcaban simétricamente-. quizá es esa la facultad más impresionante del amor, enredarse de tal forma en nosotros como para iluminar desde si a miles de objetos y momentos que antes nos atravesaban sin que advirtiéramos su presencia. cuerpos translúcidos, casi a punto de desvanecerse. esas partes del mundo que existen sin que las notemos, que habitualmente permanecen mudas, pero que con el lente que nos otorga amar adquieren peso, color, dimensiones, letras y hasta fonemas. su presencia se hace física y violenta.

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mon petit vulcan. 4.

(hablo de la vida diaria, de los amaneceres transparentes, de los cúmulos de agua entre los párpados, de los libros que ahora desbordan sentido, de horas y días y meses sin poder apartar del habla y del pensamiento a aquel sueño inconcluso, vago en sus contornos, incierto, dónde la cordura parece disolverse de a pocos. y de cómo el mundo a mi alrededor se filtra a través de lo que no está, de cómo la música nunca será la misma, de cómo los edificios reaparecen frente a mis ojos sumergidos en distancia. de cómo retornas siempre, de cómo la mente se envuelve en círculos. y del silencio, que se puebla de palabras. y del alma, que se muda de casa).

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futuro (de las planicies eternas) 2.

algún día aceptaré la imposibilidad de la isla. de aquél lugar en medio del tiempo dónde los seres se fundirían, teóricamente, en extensiones mutuas. el amor también es deseo, y el deseo es perturbación temporal y geográfica. amar es embriagarse de irrealidad, abandonarse al anhelo de la simbiosis perfecta, al sueño animal del no abandono. amar es hacer cartografías de lugares míticos, de llanuras imposibles. lugares que el deseo, como fuerza convulsiva del presente, como puro movimiento, como creador por excelencia de accidentes y fallas geográficas, hace irrealizables. el deseo es el viento, la erosión, el choque de las placas, la explosión de los volcanes submarinos. es el crecimiento y la muerte de las plantas, el derrumbe de las rocas, las mesetas y la línea que genera el ondular de las dunas. el amor sueña con las planicies, pero solo si se realizara el imposible de liberarlo del deseo lograríamos, de su mano, acceder a ellas. así pues, el camino a esa playa por venir, a ese vasto océano desecado, debe hacerse en soledad. en otro tiempo, en otra existencia voy, como Daniel25, por las llanuras de una vida despojada de sentimientos y contradicciones, de cualquier tipo de anhelo. solo, completo, vagando por una eternidad estática: una eternidad de valles infinitos.

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possibly maybe, Björk. link.

la posibilidad de una isla, Michelle Houellebecq. link

influenza, Ted Rundgren. link

 

Coincidencias. Tengo clara la mente antes de sentarme a escribir, está todo dispuesto para darme a la tarea, tomo un respiro necesario, un impulso, y en el momento en que presiono la primera tecla equivocadamente se abre la ventana de winamp, empieza a sonar una canción que no quiero oír y un milisegundo después suena el teléfono. La vida diaria le puede a lo solemne todo el tiempo, supongo.

“Ahora bien: la mayoría de los escritores cinematográficos provienen de una élite cultural: son entonces personas que tienen la obligación, diría social, de considerar al patrón un idiota, un semianalfabeto, un hombre despreciable. Pero al mismo tiempo, deben hacer que su obra le guste. Y en el momento en que el guionista identifica al productor con un destinatario “idiota, semianalfabeto y despreciable”, tiene un solo modo de convencerlo: la degradación de su propia obra. Entonces, la inocente “captatio benevolantiae” que todo autor, en distintas medidas, utiliza para obtener la colaboración del lector, termina convirtiéndose en una operación inmoral, que envuelve al autor en la degradación por él planificada con bajeza.”

(Pier Paolo Pasolini en Gabriel García Márquez: Un escritor indigno.)

Y sin embargo, la llamada me dejó frito. J.G Osuna, mi profesor de composición, me llama a la casa (¡!) a cancelar la cita de las 10, lo cual es, digamos, normal. No obstante, pasados los asuntos de rigor, me habla sobre el mail que mandó Manuel el amigo de Daniel V y que reenvié, titulado: Gabriel García Marquez, un escritor indigno. Lo que está escrito a continuación empezó como entrada de este blog pero luego me picó la idea de mandárselo a todo el mundo a manera de justificación. Inicialmente mi lectura del mail fue poco crítica. Sin embargo lo que hablé con J.G. me hizo reflexionar un poco más al respecto.

Este texto plantea, sobre todo, una idea para mi interesante: el escritor/guionista se vale de estructuras lingüísticas “provisionales” (en el sentido de que no pretenden hallar concreción como estructuras literarias en si mismas sino como estructuras cinematográficas –esta distinción es discutible, sin embargo-) para captar la atención del lector. De esta manera quien escribe entabla una relación con quien lee equivalente a la que entabla el guionista con el productor “idiota, semianalfabeto y despreciable”: esto es, violentar la autonomía y la profundidad del texto en pos de una narración que no lidia con lo literario sino que configura historias, diálogos y personajes en busca de una compresión unidimensional de estas. “Tal esfuerzo por simplificar, por reducir, por desdramatizar, por hacerlo todo comunicable y sin problemas reales, termina volviéndose una atroz forma de adulación del patrón: así, y para decirlo con sus propias palabras, el guionista, aún despreciando al patrón, y hasta por el hecho de verse obligado por él a un comportamiento miserable, se hace “rufián” a la par suya.”. De acuerdo a Pasolini en la mayoría de los textos que juegan con estas estructuras provisionales el escritor asume en el lector una persona intelectualmente inferior a quien no considera al nivel de una obra de arte profunda. Esa es la clave, de acuerdo al texto, del uso de estas estructuras: lo simple que es para el lector/productor una visualización clara de lo narrado, una visualización perfectamente aproblemática que no llama a la reflexión, que muere en el punto mismo de la lectura con el pasar de las hojas, que se vuelve un thriller en la mente y que definitivamente no pretende trascender esta condición.

Mi cuestionamiento al texto, sin embargo, apunta a preguntar qué tan legítimo es ese reclamo por la “autonomía” de la obra. En rigor, no concibo como condición de un buen trabajo artístico esa autonomía que reclama Pasolini. El texto reivindica una obra de arte profunda, que cuestione activamente, que dibuje una narración no simplificada, dramática y compleja. Esto, aunque deseable, (me duele decirlo!!) no es una condición, y muy por el contrario ese tipo de razonamiento amenaza con decantar en el dogmatismo, en el blanco y en el negro, en una distinción y una respuesta demasiado obvia a las que se podrían considerar como motivaciones de este tipo de literatura. El uso de las “estructuras provisionales” no debe ser visto tan simplistamente como una treta para adueñarse de un público que se presupone estúpido. Desde ésta lectura de la obra, desde ésta crítica a su estado lingüísticamente “embrionario” y “servil”, se niega también el posible valor literario de toda una corriente adscrita a lo cinematográfico como forma de narración, a la manera de Faulkner y Hemigway. Una aproximación a la escritura que pretende generar otro tipo de afectos y que, aunque no necesariamente se cuestiona a si misma en cuanto a lo formal, pretende resaltar la historia misma como columna vertebral, como inicio y como final del texto. El texto de Pasolini presupone que García Márquez en determinado momento eligió envilecer la obra o desde el inicio escribió una obra malintencionadamente simple. ¿No hay espacio para el afán de comunicabilidad en las intenciones honradas de un escritor? Esta es una pregunta muy difícil, yo tendería a pensar que si se puede, que una obra no es necesariamente burda o miserable ni el escritor un ser ruín o manipulador al pretender escribir una obra para el gran público. Existen miles de análisis lingüísticos y teóricos de Cien años de soledad que podrían rebatir la tesis que simplifica su uso idiomático al de una narración plana cuyos méritos se hayan únicamente en su forma de “enganchar” a quien lee. En lo particular, este tipo de análisis y este tipo de literatura no me resultan interesantes y considero que hoy en día lo escritores deberían estar a millas de distancia de esta idea, pero eso es tan solo mi opinión. Cien años de soledad no fue escrita hoy, sin embargo, y no puedo dar fe de que tan pertinente haya sido cuando fue escrita, aunque de seguro transitaba por círculos enormemente distintos a los de la obra de Pasolini.

A diferencia de lo que leí como epígrafe del mail, el texto parece no ser tan actual. Parece haber sido escrito exactamente en 1972, contaminado aún de una cesura filosófica, una distinción irremediable entre arte de consumo y arte de élite que con las décadas posteriores ha ido resquebrajándose y cayendo en desuso. ¿No es la experiencia de un nuevo mercado del arte en el que recirculan los objetos artísticos a la velocidad de las redes una muestra de que el arte puede servir a diversos propósitos, a diversos públicos y a diversos targets sin verse fundamentalmente envilecida por ello? Una buena obra de arte puede estar al servicio de lo comunicable y lo evidente, puede estar al servicio mismo de la industria, y no por ello estar fundamentalmente mal planteada.

En Colombia la figura de García Márquez se ha venido paulatinamente convirtiendo en el sinónimo del chauvinismo, del orgullo nacional, y de una serie de valores que me resultan por completo repugnantes. El texto de Pasolini me parece completamente pertinente, interesante, y pienso que es un excelente baldado de agua fría para muchas personas. Abre un debate relevante, y es por ello que decidí re enviarlo.

Ahora mismo tengo sueño. Inicialmente, antes de la llamada y todo lo que desencadenó, quería simplemente escribir que es muy difícil llevar un diario de alguna forma público sin incurrir en una enorme contradicción. Gloris me hacía ver como la sinceridad de todo lo puesto, la selección de lo que constituye lo “personal” y lo “íntimo” no es más que el reflejo de algo que desde el inicio se plantea como público, expuesto. Actúo pues como mi propio editor, publico mi vida y en ningún lugar queda consignado lo profundo, lo intransferible, lo secreto. Por otro lado todas las opiniones me prefiguran y hacen que simplemente no pueda escribir como quiero, que deba intervenir mi forma de pensar y de sentir, que deba amoldar mi forma de expresar a lo que me gustaría que alguien más vea en mi. Y esa ha sido siempre mi gran ruina como le decía Juan Pablo. Cuando haré las cosas por mi mismo, cuando atenderé a mis propios deseos e intuiciones, cuando le creeré a mi voluntad, cuando seré ese espíritu libre del que hablaba Henry Miller en la introducción al texto del deber de la desobediencia civil de Thoreau (señal que cabalgamos cada dos posts? Fuck!)? A veces siento que no es mi voz la que habla sino la voz de lo que ellos pretenden escuchar, la voz del que yo quiero ser y no del que soy, la voz de mi reflejo y no la de ésta persona que no puede defender lo que piensa. Todo lo que soy se desvanece, se va, se amolda a impresiones, se corrompe, está ligado a las personas que admiro pero jamás a mi mismo. Cada ruptura me hace replantear todo, me hace deshacerme de todo, una vez más soy un cerebro a la deriva de una nueva buena idea, de una bella cosmovisión de la que soy partícipe mas no creador. Cuando seré yo quien piense? Quien decida? Quien configure? Quien amarre? Cuando?

Anoche hablé mucho con Alejandra y quedé con una sensación horrible: Al leer esto dentro de unos años me reprocharé mi propia ligereza con las ideas. Me reprocharé mi falta de rigor, me reprocharé que la emoción me haga hacer razonamientos pobres, obras mediocres que no corresponden a una visión rigorista de la música y de las ideas sino a una inspiración débil, sensiblera y tonta. Todo en lo que creo se deshace, se deshará, pero no quiero ser por siempre un nómada buscando un asidero que se resbala. Antes imperaban las melodías, ahora imperan las ideas, mañana imperará algo más y nunca estaré adscrito a ninguna, nunca me encontraré en ninguna, nunca me identificaré lo suficiente perdido entre la belleza de tantas miles de cosas (Escribo que nunca con la secreta esperanza de que ocurra, de que si ocurra, de llegar a algo, de poder hacer algo antes de que el amor por una forma de ver las cosas se me vuelva a escurrir). Anteayer vi videos de Queen hasta la madrugada y supe que ese algo tan hermoso también lo había dejado ir. Lo que amo ahora lo dejaré ir. Y es que no quiero encontrar la verdad, no quiero encontrar la unidad, no quiero encontrar una única luz. Solo quiero que cada uno de los pensamientos que me importan, como las olas que llegan a la orilla, permanezcan detenidos lo suficiente en la arena como para empapar mis pies. Sé que se retiraran, que se irán a la gran corriente, que se perderán para siempre entre densidades y kilómetros. Pero quiero haberlos sentido lo suficiente antes de que se retiren para siempre. (Olas e ideas, son lo mismo).

“Ya que Thoreau insistió tanto sobre la conciencia y la resistencia activa, podríamos pensar que su vida fue vacía y triste. No olvidemos que era un hombre que evitaba el trabajo lo más posible, sabía dedicar su tiempo al ocio. Moralista severo, no tenía nada en común con el moralista profesional. Era demasiado religioso para tener algo que ver con la iglesia y demasiado hombre de acción para tomar parte activa en la política. Era de una riqueza espiritual tan grande que no pensó en amontonar bienes, tan valiente, tan seguro de sí mismo, que no se preocupó de la seguridad, de la protección. Abriendo los ojos descubrió que la vida proporciona todo lo necesario para la paz y la felicidad del hombre; solamente hace faltar usar lo que tenemos al alcance de la mano. “La vida es generosa”, parece repetir a cada momento, “¡Tranquilos! La vida está alrededor, no allá, no en la cima de la montaña”. “

Lloro, lloro muchísimo. Este es mi espacio, mi sitio, no el de quienes lo léen. Aquí puedo decir que lloro al leer estas palabras sobre la vida vibrante, profunda, maravillosa (Viene a mi cabeza Barba-Jacob. Iré en busca de su canción de la vida profunda ya mismo). Ayer J. estaba muy triste. Quisiera darle un abrazo, consentirla mucho, darle un beso, y leerle esto, por si depronto sirve de algo.