Corsair.

febrero 6, 2008

les400coups.jpg
les 400 coups, Truffaut, 1959.

 

tengo incubada dentro de mi la sensación de intimidad y pura emoción que me produce escuchar sigúr rós. recuerdo la tranquilidad que me producía el suelo claro, las ventanas abiertas, la imagen aérea de la gente caminando, sin prisa, una mañana de sábado. recuerdo la incertidumbre, las conversaciones con mi hermano, la taza de café y las horas de intentar tocar una canción, escondido, dudando al cantar de cada giro de la melodía. recuerdo una caminata por tabio, entre las montañas, un libro de murakami bajo el brazo y una parada en el camino para leer bajo el sol de la tarde. recuerdo escuchar a steve reich y sentirme perdido entre cuartos enormes, con rombos de cristales de colores girando por la acción del viento, reflejandose unos a otros. recuerdo ryoanji de cage, y el sonido profundo del trombón retumbando en mis oídos sumergidos en la contemplación (absorviendo yo a la música tanto como la madrugada a mi).

recuerdo las cortinas de colores, la taza de café, la pureza de los márgenes del libro, las vidrios enormes que daban al lago, las botellas de vino blanco, sus manos junto a las mías, el humo que salía de la sheesha y por supuesto la película que alguna vez vimos, la de los abuelos que, contemplando las calles de tokyo, veían el mundo pasar, sin alterarlo. y es que ni la muerte ni el viento agitan la calma de este lago. recuerdo vivamente verla llegar y ceder ante su presencia. recuerdo perderme entre su aparición fortuita, invitarla a bailar, permitir que su invitación a perdernos se sintiera, al menos por una noche, más real que todo cuanto viví. (sin asumir la gran carga de injusticia que traen consigo este tipo de afirmaciones)

recuerdo también un beso que aún despierta las mismas emociones y que parece inmune a la contaminación que llega a representar el ponerlo en palabras (miento, tal cosa es imposible). recuerdo la voluptuosidad infinita de una noche jóven, a punto de ser escrita. recuerdo las conversaciones íntimas, la botella de tequila encaletada, la cerveza, la hierba, la niña manejando con un vaso de ron en la mano, los abrazos, los labios y las confesiones inconducentes que tanto bien me hacen.

n. me decía que no buscaba nada, que no iba a ningún sitio, que simplemente permanecia. yo recuerdo muy bien caminar junto a ella, perder mis ojos en su cuerpo y constatar que en la misma visión de su desnudez lo real parecia ser más real que de costumbre. el tacto y la percepción se agudizaban, se desvinculaban de todo apasionamiento lógico y por breves momentos era como si el mundo se liberara de su recubrimiento, como si la escisión tradicional entre el ser que nos habita y el universo que nos rodea hubiese sido, durante un momento, superada. aparición sutil y a la vez memorable. la comprensión de su imagen requería de silencio, un silencio férreo, conciente, inquebrantable. la mente en blanco, como una página virgen, se activaba al contemplarla, en un destello que iluminaba las fronteras de mi mismo.

recuerdo las caminatas con a. y las conversaciones interminables, las continuas resacas, las gafas de sol, el tiempo que requiere fumarse un cigarrillo y observar el color ocre del muro de enfrente, mientras intentabamosmos hacernos parte del viento, mientras intentabamos liberarnos de nosotros mismos y fracasabamos en el intento (aún si lo disfrutaba). y luego me veo en mi balcón leyendo, al decir de dani villegas, el patrón de las luces de las casas que se encienden, tímidamente, en la madrugada. y recuerdo otro lucky, el que interrumpía horas y horas y horas interminables de vigilia e incertidumbre para permitirme observar el cielo y soñar con que la música debe aprender de las nubes, de su constante variación, de su naturaleza etérea, de su capacidad de constituirse como un segundo estrato siempre a punto de disolverse. (mágico morton feldman, constructor de paisajes extraños).

la vida en rosa, el sonido de la melódica y la cámara persiguiendo a un niño que corre hacia la nada. recuerdo su silueta, mi enamoramiento de dos días, sus ojos claros y su sonrisa. desde luego, mi intención fallida de agradarle.

le pediría que me permitiese ir con ella. retendría su presencia hasta antes de que, al decir de baudrillard, se viciara su segunda existencia, su existencia como farsa, aquella que permanecerá en nuestra memoria toda la vida. lo mágico se degrada en la ampliación de sus propias capacidades. las cosas deberian durar tan solo lo que deben durar. (hoy he vuelto a obligarme a escribir. antes era más autoindulgente y las cosas brotaban con mayor emoción, con más facilidad. cada palabra se sentía mas segura. ahora, aún cuando sigo sintiendome igual de ingenuo, las oraciones se hacen más dificiles).

 

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la exaltación de los colores, el baile incoherente de las formas, la pura variación, la camara como ojo que captura, indistintamente a veces, manchas, objetos brillantes, destellos puros de movimiento inconexo, de vida real. me distancio de las gramáticas, oigo hands de four tet, recuerdo las caminatas a la casa de juan pablo y las conclusiones sobre la vacuidad de declararse panteista en un mundo que, desde una perspectiva ajena a todo misticismo, derrocha prodigios a cada segundo. me veo caminado por el parque de alcalá pensando en éxtasis los textos de andré bazin, su amor por las potencias telúricas a través de las que se manifiestaba lo real. recuerdo a la camara representando aquel “original que nuestros ojos no habrían sabido amar”, y por siempre la rueda del parque de les 400 coups de truffaut, girando a una velocidad suficientemente vertiginosa como para que afloraran los signos sonoros y visuales puros que obsesionaban a deleuze. me veo sentado en la segunda fila de la clase de cine y filosofía, con el corazón latiendo a toda velocidad y sintiendo como ante mis ojos se articulaba coherentemente todo cuanto intuí, todo cuanto soñé, todo cuanto esperé del arte y de la vida, desde entonces y para siempre, absolutamente inseparables e indistintos.

 

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corsair de boards of canada.

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avanzar hacia el vacío, entregarse al extravío, buscar en la nada la posibilidad de algo. jugar con el riesgo, vestir al silencio de incertidumbre. (por ahora hay mucho ruido, loops imperfectos, mañanas y tardes buscando la forma de abordar las canciones, muchísima risa, un par de pausas para almorzar y una lucha constante contra la tecnología).

 

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andré bazin (1918-1958)

 

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escuchaba a journey to reedham de Squarepusher. mi mente bailaba, a toda velocidad.

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On the road/ Cozy places.

septiembre 4, 2007

Foto tomada por J.P a las afueras de Chía, Cundinamarca.

Tras haber sido insultado en sendas ocasiones, haber entrado en una crisis de tiempo por culpa del daño de mi teclado y recibido la noticia de que otra vez estoy sin trabajo, estuve muy triste, bajo de ánimo y con el autoestima por el suelo el viernes, como resultado de la que fue sin duda la peor semana del año. Decidí hacer caso omiso de ese vacío horrible que crece dentro de mi cuando las cosas no funcionan (y que se alimenta de la repetición obsesiva de las mismas palabras, las mismas imágenes y el recuerdo de las mismas personas que me desestabilizan y traen a mi memoria todos los eventos que me impiden discernir que es y que no es mi culpa) para concentrarme en el único asunto que parecía marchar con fluidez y tranquilidad: ego;.

Así pues, el sábado muy temprano fui a que me destaparan los oídos en el consultorio de un médico de muy dudosa procedencia (una especie de dr. Nick Riviera pero costeño) y luego a dejar las cosas (un amplificador y un equipo de sonido) en dónde Juan Pablo. (mi hermano me llevo y me trajo y al final se le quedaron las llaves metidas dentro del carro y nos tocó regresar a mi casa con J. para que Miguel recogiera las otras llaves – mientras escuchabamos Café Tacuba y hacía mucho sol-). Almorzamos, organizamos lo que teníamos que organizar, subimos al carro el teclado, los cientos de millones de cables, las bases, los micrófonos, los amplificadores y otro montón de cosas y con el automóvil de J. repleto hasta el tope tomamos la autopista hacia el norte, cumpliendo la vieja fantasía de la banda “On the road” (aún cuando se trataba únicamente de un viaje de 30 minutos a chía). Al final pusimos Hopes and fears de Keane y le conté a j. muchísimos recuerdos hermosos que llegaron a mi por esa música. Esos sonidos y no otros fueron capaces de amainar mi tristeza, o al menos de hacerme suficientemente conciente de ella como para regalarme el sosiego que se deriva de una comunión tan profunda con uno mismo, una comunión que solo la noche, la sensación de estar perdido y la verdadera introspección pueden brindar. Un brillo lejano de ese estado de ánimo abstracto, profundo y maravilloso que acompaña a toda la adolescencia y que con la parquedad progresiva que regalan los años parece perderse a cada instante.

Llegamos cuando ya estaba anocheciendo a “Kiev” (nombre de la bonita casa de Bernardo y lugar del toque), despejamos parte de la sala, empezamos a montar todo y finalmente a “probar sonido” a eso de las 8:00. Había feedback por todo lado y a J. se le dañó la guitarra eléctrica antes de empezar. Mientras tanto iban llegando Patiño, Adelaida y las otras personas de la fiesta. Comimos, tomamos mucho vino y cerveza (que provocaron en mi un estado de ebriedad, sopor y sueño poco antes de empezar el toque) y casi a las 11 de la noche Juan Pablo se acercó al escenario, leyó una hoja al azar de una enciclopedia de medicina que encontró por ahí (y que curiosamente hablaba de las cuerdas bucales), le dimos play a la secuencia de Del viento y el sol, apagamos algunas luces y conmigo en la guitarra acústica y jp. en el teclado empezamos a tocar.

El set list, si no estoy mal, consistió en Del viento y el sol, Leinad, La ciudad, Orillas diferentes, Oscilador, Puerto libertad, Diafragma, Hombre sombra, Lanzallamas y La belleza y el dolor. El feedback cesó por completo, Juan Pablo tocó y cantó muy bien y yo no sentí miedo. Como siempre las alocuciones entre canción y canción fueron un desastre, pero sentí que desde lo musical el concierto salió mejor que los ensayos y que a pesar de los obstáculos la música que presentamos corresponde a lo que imaginamos debía ser. Al final Patiño cantó “Me duele la cara de ser tan guapo” con el mismo beat que usamos para Lanzallamas e hicimos un loop rápido para una de Calamaro que también canto él, dedicada a una de las asistentes. A propósito, se trataba de una canción inmunda por donde se le mire.

 

Luego del toque: una venia ridícula, dos cajas de ron, dos botellas de vino, un cuarto de mezcal y muchas cervezas vacías, luces apagadas, cigarrillos, buena música, fiesta hasta la madrugada y el descanso de un día largo

El viento y el frio de la sabana de bogotá me maravillan hasta lo más hondo. La humedad del pasto, la noche negra, llena de neblina, la mañana gris, las montañas lejanas, enormes, imperturbables, el cambio de aliento de las nubes y las flores de agua que crecen por ahí logran transportarme, hacerme sentir tranquilo y aliviado. Recuerdo pocos sitios tan bellos como éste de entre los pocos lugares del mundo en los que he estado, y me hace muy feliz que un espacio tan magnifico y a la vez tan diferente al de todos los días se configure a pocos pasos de dónde me muevo habitualmente. Algún día tendré una casa de madera de vidrios enormes, un solo piso y pocas habitaciones en la sabana, rodeada de pasto, jardines y agua, decorada con cortinas rojas de puntos blancos, muebles multicolores, y lámparas vintage de colores prendidos.

Después de un almuerzo/desayuno, un buen tinto y muchísima risa nos devolvimos a las 2 a Bogotá. Por el camino volvimos a escuchar Keane, llegamos a dónde J., volvimos a dejar todo en su sitio, nos dimos un abrazo y finalmente regresé a mi hogar, dónde el cementerio de martinis de otra fiesta que organizó mi hermano y el olor a cigarrillo y a ebriedad infectaban toda la casa.

Así las cosas me las arregle para dormir otro rato pues estaba muerto, leer algunos apartes de Stlye and Idea de Schoenberg y sentarme a componer una obra serial que empecé con completo escepticismo y angustia y que sin embargo acabó por gustarme mucho más que todas las piezas que había elaborado hasta el momento para la clase. Tras terminar me acosté a dormir pero no pude conciliar el sueño y tras dos horas mal dormidas me desperté a las 4 de hoy a seguir estudiando. Tomé un tinto, salí a clase a las 7, estuve en la casa de un compañero de clase amigo que tiene un apartaestudio con un ventanal muy bonito cerca de la universidad copiando algo de música, para luego tomarme un tinto con Dani y dejar otras muchas conversaciones pendientes.

La tristeza y la decepción ya se han ido casi por completo. Solo queda aprender de los errores, asumir la propia estupidez como una promesa de no recaer en ella y crecer en alguna dirección, crecer para prevenirse de ser exactamente quien uno no quiere ser.

 

(designsponge)

Hoy estuve mirando muchísimas páginas de diseño. Todos estos días he estado haciéndome conciente de en que medida el espacio de la pantalla y la disposición de las figuras que en ella aparecen configuran directamente mi estado de ánimo, mi nivel de optimismo, mi grado de motivación para hacer las cosas. La blancura de la pantalla, la organización metódica y serial de las páginas, las proporciones perfectas y la interactividad intuitiva y sencilla entre el computador y el usuario determinan sin lugar a dudas una mejor calidad de vida para mi, sobre todo cuando se trata de alguien que, como yo, observa durante horas y horas la pantalla del computador como si se tratase de una imágen satelital del mundo que loe rodea. Aspiro a, dentro de poco, poder mejorar todas estas condiciones, poder organizar mi escritorio y miles de otras cosas a mi gusto, y poder mejorar cada día el ambiente virtual y no virtual en el que desarrollo mi vida. El bueno diseño de los espacios garantiza una vida diáfana dónde absolutamente todo fluye mejor.

Escucho el Music of changes de Cage. Hoy escuché muchísimo Kraftwerk y muchísimo The Jesus and mary chain (me fascina la voz apagada, lejana, las guitarras incomprensibles y el estribillo “just like honey…” 17 veces repetido). Oh l’amour de Erasure arma una gran fiesta en mis oidos a la que si estoy invitado -en un loft violeta, a muchos pisos del suelo-.

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Navegando encontré el trabajo de Spencer Finch.

Blue (one second brainwave transmitted to the star Rigel) | 1993, microwave signal at 44mHz, 1 inch x 186,000 miles; brainwave generated while looking at Hawaii Five-O, transmitted at the speed of light to the bluest star in the night sky, where it will arrive in about 960 years.

2 hours, 2 minutes, 2 seconds (Wind at Walden Pond, March 12, 2007) | 2007, 44 fans, wood, computerized dimmer board, 93 inches tall, 14 feet in diameter

Two Examples of Molecular Orbital Theory (Prussian Blue) | 2005, Fluorescent lights, filters, acrylic paint. This installation presents two physical theories of color. The left room creates Prussian blue with filtered light and white walls, the right room creates Prussian blue with white light and painted walls.

(link)

Fontana Music Mix (Fragmento), John Cage.

Fontana Music Mix (Fragmento), John Cage.

Desde hace un tiempo me encuentro muy interesado en la composición por planos. La idea de superponer sonidos de distintas procedencias para que coexistan sin necesidad de coherencia armónica o tonal alguna me permite entender la música no solo como un ordenamiento equilibrado de alturas e intervalos sino como una experiencia sonora y tímbrica muchísimo más amplia, dónde son los sonidos de cualquier procedencia y no únicamente 12 notas las que estructuran el discurso sonoro. La versatilidad que permite el uso de sampleos, la posibilidad de reubicar y resignificar material de la vida diaria o de otras músicas en un nuevo lienzo, a manera de collage audible, así como la bella metáfora que ésta música hace del día a día (dónde miles de sonidos coexisten y generan una sinfonía siempre cambiante y viva) producen en mi una emoción difícil de explicar. Al escuchar canciones como Bodhisattva Vow o Get it together de los Beastie Boys y discos como Discovery de Daft Punk, Muddlin Gear de Jaime Lidell o The rose has teeth in the mouth of a beast de Matmos, aparecen frente a mi en todo su esplendor las posibilidades de esta aproximación a la composición. El empleo de sonidos inarmónicos ricos en espectro sonoro, dónde la fuerza expresiva y conceptual de la música cobra vida en el sonido desnudo que al ser extraído de su contexto original enmascara las asociaciones naturales que de él hacemos, nos introduce a una música abstracta, deforme, que genera conexiónes mentales y sensibles imposibles de encasillar, por siempre cambiantes, dadas a la indeterminación y a la eterna sorpresa. La paleta de combinaciones verticales y horizontales en la música se desprende por completo de las limitantes de los sistemas de afinación occidentales y la música trasciende su dominio privado para reacomodarse en la matriz natural de la que nace. Una vez más, a la manera de la antigua grecia o de las filosofías hindúes, se reconoce el valor de aquellos objetos sonoros que preexisten al hombre desde los albores del universo. Que bello es pensar en música que no pretenda borrar los sonidos de todos los días sino que pretenda, con humildad, unirse al tráfico, a los pájaros, al mar y las voces de la gente, que parta de ellos y regrese a ellos con la suavidad de las olas que al llegar e irse de la orilla dejan una tenue huella en la arena cuya forma no es imposible predecir.

“Music alone has the power to evoke as it will the improbable places , the unquestionable and chimerical world which works secretly on the mysterious poetry of the night, on those thousand anonymous sounds made when leaves are caressed by the rays of the moon”.
(C. Debussy.)

Si Debussy se valió del piano y la orquesta para retratar la poética onírica del mundo y Schoenberg empleo el atonalismo para retratar las facetas más deformes y extremas del alma humana, Cage empleó todo el potencial de la música para decirnos que aquello a lo que llaman silencio no es más el que el continuo de una música que ignoramos sistemáticamente, intentando intercambiar la arquitectura de todo cuanto nos rodea por espejos de nosotros mismos. A veces siento que es hora de contemplar, ver, maravillarse por el paisaje sonoro y visual que se reestructura con el separarse de los continentes, con el crecer de los árboles, como una bella obra de acción y proceso que permanece viva frente a nosotros.

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Y pasan los días, yo me quedo sentado en la ventanita del transmilenio, leyendo y leyendo y leyendo, y se me va el tiempo, mi cerebro se hunde en no se que sitios y mi espiritu se ilumina, una sonrisa se dibuja, y todo es un poco mejor. La vida con la nariz entre los libros es y siempre será mejor.

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XLV
Am leuchtenden Sommermorgen
Geh ich im Garten herum.
Es flüstern und sprechen die Blumen,
Ich aber, ich wandle stumm.

Es flüstern und sprechen die Blumen,
Und schaun mitleidig mich an:
Sei unsrer Schwester nicht böse,
Du trauriger, blasser Mann!

(Heinrich Heine, Dichterliebe, XLV)

Después de un día muy difícil de estudiar virtualmente sin ninguna pausa y avanzado con una lentitud desesperante (no con el sentimiento de que hace uno lo que le gusta sino de que está desorientado y probablemente todo lo que hace lo hace en vano) es bueno regresar a los placeres idiotas de siempre. Sentarse a escuchar música, leer poemas maravillosos, escuchar el piano escrito por Schumann sonar al estilo de las Arietas de Leon de Greiff (Señora la lluvia tocaba en su clave/ una canzonetta de melancolía,/ y yo se la oía/ – en ondas de ritmo, fonética nave) y descansar un poco pues la anterior fue una semana intensa en fiesta, pobre en sueño y con un aterrador domingo de trabajo acumulado (que no puede volver a manifestarse de la misma manera).
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Abracemos la vida con ansiedad serena dice De Greiff. Ansiedad serena, transparente, de días lluviosos.

Self-collage

junio 17, 2007

Robert Rauscheberg, Brace, 1962

(Para leer oyendo Sigur Rós)

Todo se mueve en cámara lenta. Mis manos rasgan el viento cómo si se tratase de espuma y los surcos que abren mis dedos se vuelven a llenar de aire pesado, casi muerto. El mundo no se muestra convencido de su voluntad de salir de la inanimación. Cada articulación, cada doblegarse de los músculos, cada inflexión de voz y cada letra tarda años en suceder. Por una esquina de la ventana entra un primer rayo de sol. La habitación duerme, el silencio se apropia de las distancias y en tierra firme todo reposa en el mismo sueño profundo y submarino de miles de kilómetros de arrecifes. Yo presiento entre ese mismo sueño la velocidad del primer rayo y siento en mi interior cada milímetro del viaje que se interpone entre la esfera, su estatismo incandescente, y mi pared. Por detrás, de todo, la bruma. El sonido constante, estático del viento. Una nota larga, detenida, sobre la que la vida, en cámara lenta, cada vez más lenta, es, fue y será a través del nunca jamás (metallica).

Wandering. Mundo lento, acuático, dónde mis ojos, “vigías horadantes, fantásticas luciérnagas”, contemplan empañados por las lágrimas el nacimiento del amor, la derrota, la felicidad imprecisa fundamentada en la ignorancia voluntaria, y un millón de datos pequeños, puntas de iceberg, dónde el esplendor que nace a mi alrededor me choca débilmente (spinetta) y se aleja. Como la boca de las ballenas mi vida se abre llenándose de las mareas, convirtiéndome en el receptáculo directo e indirecto de todos los caminos que se entrecruzan por azar, de todas las historias, los paralelismos y las intersecciones, las cartografías humanas, que generan la configuración en apariencia caótica y adireccional de la realidad. Emisiones, radiaciones de universo. Me envuelvo en lo real como por bocanadas de humo, efímeras e ilusorias. Y como una ballena escupo a la marea de vida de mi boca o la marea de vida me escupe de la suya y de nuevo en soledad no tengo más que a las estrellas, mis hermanas, para compartir. Y el silencio, que nunca es completo. Estoy sentado aquí, los granos de arena reposan en la playa y los astros permanecen en el firmamento, todo en el lugar preciso dónde la existencia parece hallar sentido en si misma y dónde lo que es se explica únicamente en tanto es. Y así me muevo, cruzo fronteras, salto en un parpadear del panteísmo al nihilismo, del convencimiento de la unidad al placer del caos, del silencio antiguo al ruido aterrador.

Sólo soy. Solo soy.

Hoy sin embargo, mientras el mundo gira a toda velocidad, yo me muevo en cámara lenta. Lleno de miedo, lleno de amor, confiando en la sabiduría de las estrellas. Parado en medio de la calle mis sentidos tienen su tiempo de exposición al máximo, el mundo pasa y capturo lo que permanece y algunas sombras difusas de todo lo fugaz. Un poco sumergido en el universo, un poco salido de él. La música avanza sin avanzar, las nubes se destruyen y se regeneran cíclicamente y mis ojos se humedecen mientras ilumino con mi linterna una larga carretera de puntos suspensivos.

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(Para leer oyendo Beck)

Retazos sobre el lienzo. Objetos inconexos sobre la superficie de la obra y sobre los muros multicolores del museo, en un diálogo abierto no predispuesto por orientación o criterio alguno. La concreción de orden y sentido se desplaza al criterio del espectador, maravillado ante el espectáculo junk en dónde la relevancia de cada objeto, en una efervescencia vibrante y caótica de símbolos, es asignada por cada individuo de acuerdo a su propia experiencia. Museo-collage. Como en una canción de Beck o en cuadro de Rauschenberg, la procedencia de los objetos que constituyen no sólo la obra sino la exposición, al ser reasignados y transplantados de su contexto original, adquieren cargas semánticas nuevas y se abren a miles de posibilidades. Una obra para Ondas Martenot suena al lado de una pequeña caja de canicas. Un cuadro minimalista permanece al lado de los legajadores de Art and language, mientras miles de manuscritos son hojeados e intervenidos por visitantes curiosos. A lo lejos hay múltiples videos en pantallas a todo color. El museo no es blanco y no puede serlo. El arte, tan vibrante como es, debería estar alejado de la asepsia clínica que sugieren las paredes de dicho color.

Y es que es posible pensar que el arte no es una subdisciplina de la historia y que los objetos artísticos no deben ser expuestos como quien expone reliquias en un museo de historia antigua. Es posible temer que, una vez las obras se vuelven “documentos históricos”, parte de su vida y de su voz irremediablemente se consume. Es posible pensar que el interior de la composición no determine únicamente el contorno de la obra, como en los cuadros de Frank Stella, sino todo su entorno, en un ambiente que haga justicia al statement que pronuncian.

(Esto lo digo aunque en la vida real me encante la asepsia blanca de los museos y su orden, aunque no tanto la distancia que me separa de las obras. Y que hay millónes de obras hechas para museos blancos y milimétricamente organizados. Y que esté contento de haber quedado de ir al Mambo con lucía en estos días.) (En jstor no hay nada interesante sobre el museo sin muros de Malraux, debo buscar más cosas en la biblioteca).

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Museo-collage (edición virtual):

– “In 2002, their (Sigur Rós) highly anticipated follow-up album ( ) was released. Upon release all tracks on the album were untitled, though the band later published song names on their website. Famously all of the lyrics on ( ) are sung in vonlenska (“Hopelandic”), nonsensical vocalisations which resemble the sound of the Icelandic language. It has also been said that the listener is supposed to interpret their own meanings of the lyrics which can then be written in the blank pages in the album booklet. (Wiki.)”

 

Fungus Chantapufae (de una página de junkies)

All that is, was and will be
Universe much too big to see

Time and space never ending
Disturbing thoughts, questions pending
Limitations of human understanding
Too quick to criticize
Obligation to survive
We hunger to be alive

All that is, ever
Ever was
Will be ever
Twisting
Turning
Through the never

In the dark, see past our eyes
Pursuit of trhuth no matter where it lies

Gazing up to the breeze of the heavens
On a quest, meaning, reason
Came to be, how it begun
All alone in the family of the sun
Curiosity teasing everyone
On our home, third stone from the sun

All that is, ever
Ever was
Will be ever
Twisting
Turning
Through the never

(Metallica)

– L’Étranger, Camus.

Robert Rauschenberg, Estate, 1963

– The Anti-aesthetics (Hal Foster): Sculpture on the expanded field (Rosalind Krauss) y On the Museum Ruins (Douglas Crimp)

– La Aparecida, Jorge Drexler. Sigur Rós, Café Tacuba, Radiohead, Beck, Steve Reich, Bob Dylan.

– Nebulosa ojo de cerradura.

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Se avecina una crisis familiar muy compleja. Debo hacer todo lo posible por ayudar al máximo. El dolor de mi papá y mi hermano me paraliza a mi. No sé como decirles que los amo, que los quiero ayudar. Me cuesta trabajo hacer algo al respecto pero debo hacerlo, juro que debo hacerlo y tarde o temprano lo haré.

He estado cantando y tocando y me siento, talvez infundadamente, hábil musicalmente. He sacado varias canciones (La aparecida de Drexler que me fascina, Los Languis de Soda, y otras por ahí). Amo Ego. Amo a Juan Pablo, es más que un hermano para mi. Alguna vez escuchaba hablar a Roger Daltrey sobre la conexión espiritual que hay con alguien cuando en una banda las cosas funcionan y no puedo dejar de pensar que así es, que es una experiencia impresionante, transformadora, que es un pilar de mi vida, de la mitad de mis pensamientos diarios, de muchísimas cosas buenas me pasan hoy.

He andado mucho con Adelaida y la adoro. Me hace falta el tinto con Villegas. Me he sentido solo, me hace falta dar cariño y recibir cariño, y la estabilidad de una relación. Me hace falta enamorarme brutalmente de alguien y dejar de estar tan metido en mí. El Jueves me embriagué en Rikotto y ayer en Escobar, tras haber llenado una hoja a punta de barrabasadas inconexas con Ade y Juan Pablo y de haber observado una reyerta un poco chocante en un transmilenio a las 11 de la noche con múltiples groserias y acusaciones de robo. La rumba estuvo muy bien, hubo mucho martini y cerveza y abrazos y besos hetero y homosexuales entre una y varias personas. Me encantan ese tipo de ambientes de relajación liberación y desprendimiento total. Compartí muchísimo con Adelaida, Juan Pablo, mi hermano (a quien adoro) y Manchas y eso me encanta. He tenido mucho miedo de estar sin gente a mi alrededor. Cuando me quedo solo inmediatamente me deprimo, muy profundamente, y me siento al borde de estar realmente mal, como antes. No quiero que eso suceda, necesito aprender a estar solo pero entretenido y tranquilo.
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Brot, cerca de las 7, miércoles.

Tras un día de larga erradumbre estoy por fin rodeado de aromas, colores cálidos, sonidos sugerentes y calor humano. La mesa que sostiene este cuaderno es anaranjada, brillante y las páginas que ven aparecer a estas letras son amarillas, casi ocres. Viene un chocolate en camino y me sumerjo una vez más entre el rumor de la gente. Tengo un pan de chocolate al lado, el aroma de la espuma al otro y puedo asegurar que es el momento más feliz del día, hasta ahora.

Acabé de leer el extranjero en la fila del banco, que ayer duré leyendo hasta las tres de la mañana en mi cuarto ((su nueva decoración se presta más que bien para leer hasta altas horas) mientras, horrible, deseaba poder fumarme un cigarrillo) y luego me encaminé a la Javeriana a reclamar un papel.

Aproveché para sacarle copia al libro de Tula, intenté infructuosamente sacar El último hombre de Blanchot y Mil mesetas de D. de la biblioteca de la universidad y me fui triste, con las manos vacías de libros nuevos, hasta Usaquen a devolverle el libro a T. En el trayecto de ida a la Javeriana acabé de leer On the Museum’s ruins” de Douglas Crimp en dónde esta cita:

“Foucault’s Project involves the replacement of those unities of humanist historical thought such as tradition, influence, development, evolution, source and origin with concepts like discontinuity, ruptures, threshold, limit and transformation”

(de aquí en adelante lo escribo hoy) me acordó de varias discusiones con &. en las que quería pero no podía argumentarle porque yo no era un reaccionario ni me gustaba la destrucción por la destrucción y en fin.. uno nunca tiene las palabras cuando las necesita.

Han llegado a mi muchos recuerdos no agradables. Los odio, pero siguen vivos, presentes, despiertos. Si alguna vez concluimos que hay dos personas habitando en mi, es porque realmente las hay. Hay un hombre resentido, cruel, vicioso y profundamente malintencionado en mi interior, alimentándose continuamente y con todas sus memorias frescas. Lo desprecio, pero es parte de mí.

El post empezó hace muchas horas. Son ya las cuatro de la mañana.

Serial project No. 1 (Sol Lewitt)

Serial Project 7 (Sol Lewitt)

(Lúnes)

…Beck and Lidell and Björk and so many beats, in many colors, like little freshly painted card-boards rearranged in apparently (just apparently) random shapes, featuring “every relevant combination” in this beautiful Sol Lewitt’s fashion…

No he dejado de tener sueños extraños desde ayer. (Por la mañana estuve en clase de historia, entregué el trabajo y regresé muy campante tras un breve paseo por alcalá (sin deprimirme por tener que venirme solo a la casa sin haber visto a ningún amigo por la mañana) a estudiar. Cual no sería mi rabia cuando al poco tiempo de estar acá se fué la luz. No media, una o dos horas. Desde la una de la tarde hasta pasadas las 6. Durante este lapso estuve leyendo varias cosas, me enamoré un poco más de Sol Lewitt y, naturalmente, dormí mientras la casa lentamente se iba haciendo penumbra.) Soñé que estaba ensayando con Andrés Correa -con el cuerpo de Camilo Ordoñez- y con la figura completamente difusa de alguien más. Intentabamos cantar orillas diferentes pero yo tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano para cantarla, no entendía nada ni afinaba nada y además parecía estar como drogado porque no veía ni tenía dirección ni sentido de orientación (Estaba tocando con la miniguitarrita que el bajista con el que solo tuvimos un ensayo, Jorge Villamarín se llama, tenía en la casa. -Pienso todo el tiempo en esa guitarrita-). Finalmente me tenía que tumbar en el suelo e intentar agarrarme de algo para sentir la realidad. Después, una vez más, iba caminando por la séptima alfrente del chicó y descubría que mi amigo Juan Pablo Bermudez andaba con una nueva novia que era bastante friki. Mientras caminabamos, unas escaleras realmente empinadas se empezaban a hacer más y más estrechas hasta que una vez más, sintiendome drogado, resbalaba por ellas. Luego otravez esa maldita sensación de intentar despertarse pero no poder, y seguir en ese maldito limbo, inmóvil, completamente desesperado. Es de las sensaciones mas horrorosas que haya sentido, y me ocurre con demasiada frecuencia.

“En la primavera de 1968 (Lawrence) Weiner instaló en la periferia del recinto universitario del Windham College, en Vermont, un trabajo escultórico (…). La obra titulada SERIES OF STAKES IN THE GROUND AT REGULAR INTERVALS TO FORM A RECTANGLE – TWINE STRUNG FROM STAKE TO STAKE TO DEMARK A GRID – A RECTANGLE REMOVED FROM THIS RECTANGLE, ocupaba la mayor parte de una superficie de césped y sufrió graves desperfectos a manos de algunos estudiantes al poco tiempo de inaugurarse la exposición. Afectado en un primer momento por este hecho, Weiner no tardó en comprobar que, aunque dañada en la materia, su obra seguía estando en lo fundamental intacta en razón de su concreción lingüistica, pues podía repetirse en cualquier momento en circunstancia distintas de acuerdo con las indicaciones oralmente formuladas.” (Tomado de Arte Conceptual, Daniel Marzona). (Leí esto durante el apagón, antes de dormir. Luego regresó la luz, me senté a trabajar en composición y la luz se volvió a ir. Tras un ataque de nervios en el que grité y perdí vergonzosamente el control, me llené de tristeza al perder todo un día invaluable de trabajo entre la maldita oscuridad. (Es impresionante todo lo que uno depende de la electricidad, realmente es impresionante). Al recordar la cita de arriba, sin embargo, me tranquilicé muchísimo. La obra que estoy haciendo no es en lo absoluto diferente del croché. Mientras se sepa con claridad cual es el patrón, nada va a variar. Prefiero depender de sistemas estrictos que de la “inspiración del artista” y el pésimo sistema de energía de la colina campestre me dió un poco la razón. Me gusta pensar que se puede componer en la cabeza, sin siquiera imaginar los sonidos. Me gusta pensar que la belleza del pensamiento y de las reflexiónes es igual de conmovedora y profunda que la belleza de los sentimientos. Me gusta también pensar, como pensaba un día llegando a la casa de Jules, que se debe poder hacer música en la que las ideas artículen como los silencios, las notas y las palabras, en exactamente el mismo plano. Me gustan los sistemas y los moldes: En clase de síntesis, el jueves, explicaron los sistemas derivados del teorema de Fourier y de ahí los procesos de resíntesis y las aplicaciones de estos. Básicamente se hacen muestreos de sonidos (através de ventanas de que se diferencian y se superponen por milisegundos) para generar espectros, imágenes. Éstas imágenes se utilizan como moldes y en combinación con otras o a partir de variaciones de estas mismas permiten crear nuevos sonidos. Se trata pués de la resíntesis de sonido e imágen indivisiblemente unidos en retículas generadoras. absolutamente excitante -Debo buscar la canción de Aphex Twin que utiliza este proceso utilizando como imágen la cara del tipo-).

(Martes, Miercoles, Jueves, Viernes… masa informe de días)

“Se podrían multiplicar indefinidamente esos ejemplos; cada flor tiene su idea, su sistema, su experiencia adquirida, de la que se aprovecha. Examinando de cerca sus pequeñas invenciones, sus procedimientos diversos, se recuerdan estas interesantísimas exposiciones de máquinas en que el genio mecánico del hombre revela todos los recursos. Pero nuestro genio mecánico data de ayer, mientras que la mecánica florar funciona desde hace millares de años. Cuando la flor hizo su aparición en la tierra, no había en torno de ella ningún modelo que poder imitar; tuvo que inventarlo todo. En la época de la clava, del ardo, de la maza de armas, en los días relativamente recientes en que imaginamos el torno de hilar, la polea, el cabrestante, el ariete; en el tiempo -como quien dice el año pasado- en que nuestras obras maestras eran la catapulta, el reloj y el telar, la salvia había construido los espigones giratorios y los contrapesos de su báscula de presición y la pedicularia sus ampollas obturadas como para una experiencia científica, los disparos sucesivos de sus resortes y la combinación de sus planos inclinados. ¿Quien sospechaba, hace menos de cien años, las propiedades de la hélice que el arce y el tilo utilizaban desde el nacimiento de los árboles? ¿Cuándo llegaremos a construir un paracaídas o un aviador tan rápido, tan ligero, tan sutíl y tan seguro como el del amargón? ¿Cuando encontraremos el secreto de cortar en un tejido tan frágil como la seda de los pétalos un resorte tan poderoso como el que lanza al especio el dorado polen del esparto? ¿Y la momórdiga o pistola de damas (…)? ¿Quien nos dirá el misterio de su fuerza milagrosa?

(Maurice Maeterlinck, La inteligencia de las flores, leído en un bus B1 de transmilenio el viernes a las 12 del día, tras un aguacero impresionante que cayó encima mío sin ninguna piedad y que me tenía tiritando. (Las gotas de lluvia y las lagrimas confluyendo tras la lectura).)

Las ideas fueron puestas en las flóres como el blanco y el negro en ti. Como el vapor de la mañana frente a un puerto vacío. Como signos de puntuación que expresan toda una orilla suspensiva, un horizonte de lluvia, un dolor que no conoce final. Dragónes, flores, y todo tu silencio. Acercate a mi, deja las ventanas abiertas, acógeme en tu madrugada y deja que todas las escencias cuiden tu cuerpo, dibujen una espiral entre tus hombros, te llenen de galaxias y conjuguen en el silencio la más bella de las oraciónes. La belleza es en ti.

I can’t help falling in love with you. (El miercoles me dormí llorando. Recibí secretos. Por la madrugada me dibujé protegiendola, mientras dormía).

(El maestro, Juan Gabriel Osuna, me preguntó por mi trabajo. Me propuso incluir unas variaciones al estilo de unos collages de Warhol que aún no encuentro. Se acerca la semana más compleja academicamente)

(Sábado en la mañana)

Con una leve resaca, que afortunadamente ya amainó casi por completo, me encuentro en pijama escuchando beck y earth intruders en loop. No puedo dejar de moverme frenéticamente, de imitar el “move through the room like ambulance drivers” y no puedo dejar de sentir que estoy a punto de explotar en una enorme bola de furia y lava. “Hay en mí tanto veneno que puedo estallar“, dice una canción que escribí hace como 3 años y que me gusta mucho. Anoche estuve en Magnolia y me encantó la decoración del lugar y el cuarto con la cama. Los asientos, cuadrados y blancos, me dieron sosiego. Al lado del bafle, conos de lluvia al decir de Spinetta, recordé “Parlante”, que es una canción mágica del flaco. La música no es ni remotamente similar en calidad a la de escobar, pero se puede agitar la cabeza. Era el cumple de camilo ordoñez y estuvimos una vez más con jules, él, lucía y una amiga de ellos que no recuerdo como se llama. Hablamos por horas de horas con lucía sobre cuadrados, manos, beats, geometrías y todas aquellas cosas que son tan importantes tanto para mi como para ella, todas esas mitologías personales que muy pocas veces en la vida pueden ser transferibles, expresadas, y que aún así son el aire para respirar y retratan como absolutamente nada lo que uno es. Nuestras mitologías se rozan, se reflejan, son adversas y a la vez hermanas. Son absolutamente abstractas pero creo que no hay nadie en el mundo con quien las pueda compartir de una forma tan clara como con ella. Son conversaciónes apasionantes.

Me muevo en la gran bruma de fondo de la que escribía Paul Eluard en uno de los más hermosos poemas de amor que he leído jamás. La exhuberancia de la ciudad no llena el abismo. Ni la fiesta. La belleza de los libros, la voluptuosidad del pensamiento, la verdad eterna de un solo sonido tampoco, aunquen se convierten estos últimos en paliativos, en maneras de llenar de belleza pura mi vida. Esta mañana toqué el E de la guitarra al aire y lo dejé sonando. Se me erizó la piel. Escuché un fragmento de Morton Feldman que me pasó Juan Pablo, la introducción de Wanderlust del nuevo disco de Björk, y ahora el sonido del viento. Todo es lo mismo. Contracciónes, respiraciones, nubes sonoras que se desplazan a su propia velocidad. El sonido es un gran organismo con vida propia, al que hay que intervenir lo menos posible, a veces. La labor del compositor es tomar un puñado de arena en las manos y lanzarlo al viento, en todos los casos regando la arena sobre la misma arena.

No puedo parar de escuchar a Beck. Sus canciones son obras de Robert Rauschenberg hechas sonido. Parecen a punto de estallar, suenan como si las coordenadas del sonido en que se desarrollan se quedaran cortas, forzanso a una sinestésis, a una eventual erupción de colores y dibujos en todas direcciónes. Coming to you 1000 beats per minute. Las canciones repiten estribillos ridiculos, se burlan de si mismas y de absolutamente todo a cada instante. Su concepto es anarquista, ecléctico, agresivo y profundamente artístico. Sus letras son la voz del pensamiento, son asociaciones libres, son a veces absolutamente azarosas y atacan directo a una conciencia y a un imaginario con el que me siento completamente identificado. Su música anti-melódica expresa velocidad y una militancia maravillosa, ejemplar, de la incoherencia. Su obra no construye sentido, no es un medio para decir o expresar sentimientos triviales. Su obra en si misma es un manifiesto de diversidad, es un receptáculo de influencias vibrantes, burbujeantes, absolutamente seductoras. Su forma de vestir es brutal. Envidio su voz y su forma de recitar y daría lo que fuera por ¿cantar? de esa manera. Podría durar tres horas diciendo cosas.

(Gramercy Park Hotel es una canción geométrica y maravillosa).

Peter Parker

mayo 7, 2007

El viernes por la mañana estuve en la universidad, presenté una primera parte de mi obra de composición y el profesor me explicó varios métodos de desarrolo interesantes. Tengo que sentarme a trabajar sin descanso porque el tiempo ya se está acabando. Aunque ese es el tipo de promesas que uno siempre se hace y no puede cumplir en general, creo que evitaría una tragedia y me produciría muchísima tranquilidad concentrarme en lo académico completamente. Alguna vez Eduardo dijo que en momentos complicados no había mejor refugio que estudiar como un cabrón y la verdad quiero hacerle caso (Ayer pensé en Edi andando por Praga y me sentí profundamente feliz por él. Me está haciendo muchísima falta su sinceridad, su incondicionalidad, la forma en que se le sale ser tolerante y bueno conmigo)). A los compañeros de clase les gustó muchísimo lo que hice y eso me animó porque, aunque solo elegí el proceso y las sonoridades, la coherencia de los resultados -rítmica, motívica, melódicamente-(esa suerte de sonido opaco y profundo) no es propiamente un mérito mío y me ha sorprendido a mi tanto como a ellos. Dejar ser a los sonidos decía Cage, darles un impulso pero no intervenirlos, tan solo contemplarlos en su magnifica perfección. ((El sonido sigue siendo un milagro, insisto, y una sola nota es un evento suficientemente complejo y fascinante)). (((Mientras escribía esto Juliana me mostró GROTRIAN pianos y fue más que perfecto (porque empezaron a sonar tonos puros mientras escribía sobre ellos… weird). Alguna vez le hablaba a Juan Pablo sobre componer asignandole a figuras geométricas sonidos, como en una especie de tetris que por su propio movimiento generáse una gran imágen sonora, una construcción (pensando en eso escribí “La casa”). En esta página encontré una bellísima variacion de la misma idea (creo), aunque el programa pierde sincronía rapidamente))).

Por la tarde dormí en mi casa. Odio dormir de día porque de inmediato me siento triste, desconfigurado, y despertar al anochecer me hace sentir como un vagabundo. Es la imágen perfecta de la depresión, no querer hacer nada, tumbarse a domir, que es casi como morir porque se desaparece del mundo completamente, se regresa a la heteronomía total, a estar a la deriva del sueño, a dejar de ser por algunos momentos (Siempre me ha dado miedo quedarme dormido. Cuando estoy cayendo en el sueño me despierto agitado, pensando que es injustificable abandonarse a uno mismo de esa manera). Así me he sentido, talvez deprimido, lleno de una rabia injustificada y paranóica frente a todo cuando me dicen y hacen los demás. Odio los conflictos, odio inflingir dolor o humillación a otro ser humano, y odio sobre todo a mi super yo, ese ser terrible dueño de la verdad en el que me convierto cada vez que peleo con alguien. Detesto a esa persona, creo que es la faceta que más detesto de mi mismo y soy muy proclive a caer en ella. (Viendo Spiderman3, una película entretenida pero completamente olvidable, me vi a mi mismo caminando como Toby Mcguire con la araña galactica pegada en el pecho, absolutamente confiado, seguro de mi mismo, y por ello envilecido, egoista, terriblemente vanidoso).

Por la noche vi los Simpsons (por millónesima vez el capítulo en que bart consigue un “hermano mayor” -que es grandioso-, el de cuando Marge quiere entrar a un Club -que además de ser buenísimo me hizo llorar un poquito- y uno nuevo, no tan bueno pero suficientemente bueno para ser de los nuevos, sobre un autosecuestro de Bart-). Mi hermano me invitó a Cine (spiderman3), y su compañía fue como siempre que cálida y agradable (recuerdo a mi papá anonadado diciendonos que como podiamos ver esa basura, que como ibamos a botar la plata de esa manera. Recuerdo también que en el parqueadero mientras me pasaba al puesto de adelante mi hermano aceleró, y volteó rapidisimo, haciendome caer estrepitosa y graciosamente sobre la guantera (todo esto de forma premeditada y calculada por él). Hace rato no lo veía reirse tanto (me acuerdo en este momendo de cuando me caí antes de exponer sobre la pasión según San Mateo en historia, frente a todo el salón (aún tengo la cicatriz en la rodilla), siendo esta la continuación de otra caida en el mismo salón 5 días atrás, cuando entrando tarde a clase me resbalé e hice el ridículo (no me molesta que se rian de mi por estas cosas, bueno, no siempre). (Soy un carro mal manejado)). Últimamente he entrado a revizar posts viejos del blog de mi hermano y hay uno en particular (en el que describe como lucía toma una fotografía) que me parece hermoso y expresa la sensibilidad maravillosa de este sujeto. Miguel, al igual que lucía, (y pienso aquí también en turo) es una persona enormemente bondadosa, lo hace feliz dar, preocuparse por los otros, y supongo que por eso me invitó a distraerme un poco pues me ha visto triste estos días. Espero vivir cerca de mi hermano toda la vida, para poderlo invitar yo también en cuanto pueda hacerlo. (Comí una bolsa gigante de palomitas de maiz, unos nachos con queso (muy poco queso para tantos nachos) y una coca-cola. “Comiendo como degenerado mientras veía Spiderman” o “de como ser completamente un gringo durante un par de horas”).

Ayer ensayé por la mañana con Laura, aunque no me gustó del todo como sonó. Me da un poco de miedo no estar a la altura de lo que la banda necesita, y en este momento me es un poco dificil revertir esa situación. Tras esto estuve en la casa haciendo nada y esperando que fueran las 6 para que juan pablo viniera a ensayar. Se fue la luz y finalmente decidí irme a la casa de él, dónde estuvimos dándole hasta las 10 de la noche, haciendo arreglos y tocando. Juan Pablo me va a dictar clases de ténica vocal y eso me parece maravilloso. Tras esto, frente al teclado y al piano hemos destapado un par de botellas de vino y un poco mas ebrios hemos decidido dar mate a una botella de Mezcal que Juan Pablo tenía como recuerdo del d.f. Estuvimos hasta las cuatro de la mañana sentados frente al piano, escuchando musica, bebiendo, y eventualmente tocando un poco. La pasé increiblemente bien junto a juanpis, ese ser humano es ya un hermano (Nota mental: Aquello de beber si necesidad de ir a un roto o de bailar o de estar en una algarabia es muy bueno. One on one se bebe mejor). Me quedé a dormir allá y a eso de las 11, con la nefasta noticia de que el pc de juan pablo dónde estaban todas sus cosas (entre ellas nuestas maquetas de Ego) se había dañado, decidí venirme a la casa.

Tras escribir el inicio de este post fuí a dónde Dani Villegas, con quien vimos una atardecer maravilloso en la sala de su casa e hicimos (bueno en realidad él hizo y yo presencié) el análsis de la sinfonía No.4 en Em de Brahms (cuyo trabajo de orquestación me noqueó desde el inicio). Escuchamos algo de jazz también, una canción maravillosa de The Cure que tengo que volver a escuchar (creo que se llama lost o algo así), y una obra para percusión de Cage titulada “She’s asleep” que me encantó. Luego de esto fuimos a comer, me acompañó al transmilenio y me contó la historia de amor de sus papás.

Estuve a punto de colapsar y llorar dónde daniel. Necesito a J. Su ausencia se hace más real cada día y la vida progresivamente pierde brillo, yéndose con la lentitud del tiempo mis ganas de crear y de vivir expectante del futuro. (La tautología con la que Duchamp “definió” el arte es también aplicable a la vida. Se vive únicamente para vivir, y esto por alguna razón sirve de consuelo, si lo pienso bien).

En el transmilenio de camino hacia dónde Dani y de regreso a mi casa estuve leyendo el libro de Taschen sobre arte conceptual que mi mamá me regaló. Estoy absolutamente maravillado con muchísimas de las obras expuestas, pero particularmente me encantan las que abordan sistemas seriales y clasificaciónes rigurosas de procesos mentales, de imágenes, de palabras y hasta de ensayos (El ya mencionado trabajo de Kawara, las fotografías de Bernd y Hilla Becher, el Index 001 de Art & Language o los fotogramas de Jan Dibbets). Me gusta, talvez por mi afición actual al minimalismo, la manera en la que abordan ideas organizables explotando hastas las últimas consencuencias los sistemas que diseñan. Caminando por la 13, enfrente del nuevo éxito cerca de dónde daniel, observaba las lozas en el suelo, cuadradas e idénticas, de un color uniforme de gris cemento, y no podía parar de pensar en maneras de intervenirlas, sistematizar y secuenciar figuras en ellas y diseñar patrónes generadores bajo una lógica precisa (podría tratarse de  colores, imágenes o letras). Creo que el minimalismo produce en mi una extraña reconcilación con las matemáticas, con la geometría, con los sistemas perfectamente mesurables que actúan bajo una lógica consistente. Crear arte bajo estos parámetros es expresar una suerte de belleza natural, superior a los caprichos del gusto, regida por una sistemas universales, eternos, que emulan un impulso generador primario en dónde los elementos que constituyen las obras son libres de transitar por el laberinto que uno les traza. El “gusto” está en los surcos que uno diseña, más los resultados se ignoran y, como decía arriba, sorprenden y estimulan en la misma médida en que sorprenden y estimulan a cualquier otra persona. Se trata de poner semillas, de que las obras germinen mediante estos procesos por si mismas, cual si fuesen plantas. Y aún cuando es una lógica eterna y antigua, su uso en la creación artística y la aplicación de sus parametros más fundamentales (es decir su forma de empleo más radical), es en alguna medida reciente.

(Soñé estando en un concierto de Spinetta en tributo a su carrera en buenos aires. Se trataba de un gran evento, un evento histórico. Tocaba junto a björk, que se transformó luego en mi compañera del Gothe Sol S, con quien he soñado insistentemente en estos días. El concierto, que iba a ser transmitido por televisión nacional, iba a estar diseñado de tal manera que tanto Björk como Spinetta tuviesen cada su propio escenario: Un gran cuarto blanco y perfectamente cuboidal (cuboidal?) sin pared exterior, con pequeñas hendiduras cuadradas y negras en las paredes laterales que servían como retornos. El cuarto de Spinetta, contiguo al de Björk, no tenía estos retornos y en algún momento del sueño Luis Alberto le hacía el reclamo a la cantante islandesa, quien respondía en perfecto español. El concierto se desarrollaba en la Universidad de buenos aires, que en realidad era una escuela de Arte al estilo de la ASAB. Funcionaba en una casa colonial antigua y absolutamente enorme, con muchos pisos superiores e inferiores al nivel del suelo y millónes de cuartos y salidas. En algún punto del sueño iba a uno de los sotanos -que ahora que lo pienso es idéntico al piso superior de Socorro-, dónde unos chicos Emo tomaban Coca-Cola y hablaban de trivialidades. Como siempre, desperté antes de que el concierto empezara, con rabia).

Ahora mismo suena Atoms for peace de Thom Yorke y entro en un trance maravilloso al constatar miles de intuciones en esta bellísima melodía y en esta simple pero certera secuencia. Aún hay mezcal en mi cerebro, debo estudiar muchísimo, y por lo pronto, descansar un poco.

Luces Permanentes

abril 27, 2007

kawara.jpg

 

A inicios del 2006 tomé en la universidad una electiva sobre arte contemporáneo que tendría un impacto enorme en mi concepción del arte, el pensamiento y la vida diaria. De aquellas clases por las que aparecieron desordenadamente nombres como los de Joseph Beuys, John Cage, o Frank Stella, uno en particular surgió como un faro de diáfana claridad entre lo más profundo del caos, de mi propio caos: se trataba de la obra y la figura del artista japonés On Kawara.

La idea de construir una lenta biografía personal, no a partir de nexos o impresiones sensibles de hechos no descritos (como las que caracterizaban a mi otro blog) sino por el contrario de la recopilación laboriosa, minuciosa y detallada de lo cotidiano, se ha convertido en una necesidad para mi. Y esto es porque asistimos a una continua desmaterialización de lo vivido, a una retentiva fugaz del ahora, a un lento desvanecerse de todo cuanto experimentamos. La luz de la conciencia es débil, y lo que nos constituye se pierde en las cavernas de nosotros mismos. La propia vida se apaga como un larguísimo sueño. Se vuelve casi una obligación, como en la labor del artista mencionado, combatir ese lento degradé, paradójicamente, mediante un tributo al tiempo, a nuestro tiempo. Aquí adquiere sentido la labor de Kawara y no puedo sino asentir a esta invitación a la conciencia, a una militancia radical de la conciencia, a combatir la fragilidad de la memoria mediante la labor paciente de auto recopilarse. A no morir en vida, a no sepultar la propia vida, pues no existe certeza de que haya algo más allá de esta.

Los días, idénticos en duración, enmarcan (como pequeñas cajas) una vida que se reconfigura entre fracciones, entre proyecciones casi idénticas de sombra y luz. Nuestra experiencia se parte casi axiomáticamente en subdivisiones rigurosamente determinadas, toda vez que fragmentamos el tiempo en una gran retícula que obedece al movimiento de éste y otro astros. De esta forma vivimos midiendo la existencia con el máximo rigor numérico, y terminamos por creer que crecemos en términos de días, meses, años, décadas… Y aquí se hace necesario analizar las leves diferencias entre lo que la luz de un día encuentra y lo que la luz del otro ve. Se hace necesario recordarnoslo insisténtemente, para luchar armados de paciencia contra ese pensamiento recalcitrante mediante el que llegamos a sobreinducir que los días, los meses y los años, al ser homogéneos y regulares, deben ser experimentados de la misma manera, en rutinas que simulan reproducciones seriales.

(Los días son reproducciones seriales de oscuridad y resplandor, la vida misma no lo es).

Esta bitácora tendrá, entonces, cartas para el futuro. Pequeños cuadros que pretenden, con abierta ingenuidad, retener el presente que en el futuro será pasado, alumbrarlo con los colores diferentes de cada hoy, nadar con toda violencia en contra de la corriente del olvido. Cápsulas de sosiego: un combate declarado contra el tiempo, que no acaba siendo más que un pequeño tributo a su belleza, a su naturaleza monumental, metafísica, eterna.

Pequeñas luces permanentes para mi y quien las lea.
Desplazamiento del ahora a múltiples ahoras, a múltiples presentes.
(((Nostalgia))).