noviembre 4, 2008

La lluvia cae en la terraza que hace un par de horas me veía inhalando aire y concentrándome en los colores que brotan naturalmente de los párpados cuando cierro los ojos de cara al sol. Hay sueños de ballenas encalladas, y entre la vigilia y la humedad me vuelvo andrógino, atravieso las paredes y beso aquella espalda salpicada de neutrones y estrellas muertas. Me gusta pensar en lo que hay bajo el mar, en las siluetas que describen los cardúmenes y en el descenso en espiral de los tiburones hacia espacios más amplios de los que puedo llegar a imaginar con la mente. Liberarme es liberarme de todo. Liberarme de mí. Acercarme al mundo en silencio. Volverme vacío-transparente-mudo-casi-inexistente y observar qué hay detrás de las palabras, qué hay detrás de la parte de atrás de los pensamientos. No habrá lugares, guaridas, señales, destinos ni espejismos. No habrá futuro ni pasado.