On the road/ Cozy places.

septiembre 4, 2007

Foto tomada por J.P a las afueras de Chía, Cundinamarca.

Tras haber sido insultado en sendas ocasiones, haber entrado en una crisis de tiempo por culpa del daño de mi teclado y recibido la noticia de que otra vez estoy sin trabajo, estuve muy triste, bajo de ánimo y con el autoestima por el suelo el viernes, como resultado de la que fue sin duda la peor semana del año. Decidí hacer caso omiso de ese vacío horrible que crece dentro de mi cuando las cosas no funcionan (y que se alimenta de la repetición obsesiva de las mismas palabras, las mismas imágenes y el recuerdo de las mismas personas que me desestabilizan y traen a mi memoria todos los eventos que me impiden discernir que es y que no es mi culpa) para concentrarme en el único asunto que parecía marchar con fluidez y tranquilidad: ego;.

Así pues, el sábado muy temprano fui a que me destaparan los oídos en el consultorio de un médico de muy dudosa procedencia (una especie de dr. Nick Riviera pero costeño) y luego a dejar las cosas (un amplificador y un equipo de sonido) en dónde Juan Pablo. (mi hermano me llevo y me trajo y al final se le quedaron las llaves metidas dentro del carro y nos tocó regresar a mi casa con J. para que Miguel recogiera las otras llaves – mientras escuchabamos Café Tacuba y hacía mucho sol-). Almorzamos, organizamos lo que teníamos que organizar, subimos al carro el teclado, los cientos de millones de cables, las bases, los micrófonos, los amplificadores y otro montón de cosas y con el automóvil de J. repleto hasta el tope tomamos la autopista hacia el norte, cumpliendo la vieja fantasía de la banda “On the road” (aún cuando se trataba únicamente de un viaje de 30 minutos a chía). Al final pusimos Hopes and fears de Keane y le conté a j. muchísimos recuerdos hermosos que llegaron a mi por esa música. Esos sonidos y no otros fueron capaces de amainar mi tristeza, o al menos de hacerme suficientemente conciente de ella como para regalarme el sosiego que se deriva de una comunión tan profunda con uno mismo, una comunión que solo la noche, la sensación de estar perdido y la verdadera introspección pueden brindar. Un brillo lejano de ese estado de ánimo abstracto, profundo y maravilloso que acompaña a toda la adolescencia y que con la parquedad progresiva que regalan los años parece perderse a cada instante.

Llegamos cuando ya estaba anocheciendo a “Kiev” (nombre de la bonita casa de Bernardo y lugar del toque), despejamos parte de la sala, empezamos a montar todo y finalmente a “probar sonido” a eso de las 8:00. Había feedback por todo lado y a J. se le dañó la guitarra eléctrica antes de empezar. Mientras tanto iban llegando Patiño, Adelaida y las otras personas de la fiesta. Comimos, tomamos mucho vino y cerveza (que provocaron en mi un estado de ebriedad, sopor y sueño poco antes de empezar el toque) y casi a las 11 de la noche Juan Pablo se acercó al escenario, leyó una hoja al azar de una enciclopedia de medicina que encontró por ahí (y que curiosamente hablaba de las cuerdas bucales), le dimos play a la secuencia de Del viento y el sol, apagamos algunas luces y conmigo en la guitarra acústica y jp. en el teclado empezamos a tocar.

El set list, si no estoy mal, consistió en Del viento y el sol, Leinad, La ciudad, Orillas diferentes, Oscilador, Puerto libertad, Diafragma, Hombre sombra, Lanzallamas y La belleza y el dolor. El feedback cesó por completo, Juan Pablo tocó y cantó muy bien y yo no sentí miedo. Como siempre las alocuciones entre canción y canción fueron un desastre, pero sentí que desde lo musical el concierto salió mejor que los ensayos y que a pesar de los obstáculos la música que presentamos corresponde a lo que imaginamos debía ser. Al final Patiño cantó “Me duele la cara de ser tan guapo” con el mismo beat que usamos para Lanzallamas e hicimos un loop rápido para una de Calamaro que también canto él, dedicada a una de las asistentes. A propósito, se trataba de una canción inmunda por donde se le mire.

 

Luego del toque: una venia ridícula, dos cajas de ron, dos botellas de vino, un cuarto de mezcal y muchas cervezas vacías, luces apagadas, cigarrillos, buena música, fiesta hasta la madrugada y el descanso de un día largo

El viento y el frio de la sabana de bogotá me maravillan hasta lo más hondo. La humedad del pasto, la noche negra, llena de neblina, la mañana gris, las montañas lejanas, enormes, imperturbables, el cambio de aliento de las nubes y las flores de agua que crecen por ahí logran transportarme, hacerme sentir tranquilo y aliviado. Recuerdo pocos sitios tan bellos como éste de entre los pocos lugares del mundo en los que he estado, y me hace muy feliz que un espacio tan magnifico y a la vez tan diferente al de todos los días se configure a pocos pasos de dónde me muevo habitualmente. Algún día tendré una casa de madera de vidrios enormes, un solo piso y pocas habitaciones en la sabana, rodeada de pasto, jardines y agua, decorada con cortinas rojas de puntos blancos, muebles multicolores, y lámparas vintage de colores prendidos.

Después de un almuerzo/desayuno, un buen tinto y muchísima risa nos devolvimos a las 2 a Bogotá. Por el camino volvimos a escuchar Keane, llegamos a dónde J., volvimos a dejar todo en su sitio, nos dimos un abrazo y finalmente regresé a mi hogar, dónde el cementerio de martinis de otra fiesta que organizó mi hermano y el olor a cigarrillo y a ebriedad infectaban toda la casa.

Así las cosas me las arregle para dormir otro rato pues estaba muerto, leer algunos apartes de Stlye and Idea de Schoenberg y sentarme a componer una obra serial que empecé con completo escepticismo y angustia y que sin embargo acabó por gustarme mucho más que todas las piezas que había elaborado hasta el momento para la clase. Tras terminar me acosté a dormir pero no pude conciliar el sueño y tras dos horas mal dormidas me desperté a las 4 de hoy a seguir estudiando. Tomé un tinto, salí a clase a las 7, estuve en la casa de un compañero de clase amigo que tiene un apartaestudio con un ventanal muy bonito cerca de la universidad copiando algo de música, para luego tomarme un tinto con Dani y dejar otras muchas conversaciones pendientes.

La tristeza y la decepción ya se han ido casi por completo. Solo queda aprender de los errores, asumir la propia estupidez como una promesa de no recaer en ella y crecer en alguna dirección, crecer para prevenirse de ser exactamente quien uno no quiere ser.

 

(designsponge)

Hoy estuve mirando muchísimas páginas de diseño. Todos estos días he estado haciéndome conciente de en que medida el espacio de la pantalla y la disposición de las figuras que en ella aparecen configuran directamente mi estado de ánimo, mi nivel de optimismo, mi grado de motivación para hacer las cosas. La blancura de la pantalla, la organización metódica y serial de las páginas, las proporciones perfectas y la interactividad intuitiva y sencilla entre el computador y el usuario determinan sin lugar a dudas una mejor calidad de vida para mi, sobre todo cuando se trata de alguien que, como yo, observa durante horas y horas la pantalla del computador como si se tratase de una imágen satelital del mundo que loe rodea. Aspiro a, dentro de poco, poder mejorar todas estas condiciones, poder organizar mi escritorio y miles de otras cosas a mi gusto, y poder mejorar cada día el ambiente virtual y no virtual en el que desarrollo mi vida. El bueno diseño de los espacios garantiza una vida diáfana dónde absolutamente todo fluye mejor.

Escucho el Music of changes de Cage. Hoy escuché muchísimo Kraftwerk y muchísimo The Jesus and mary chain (me fascina la voz apagada, lejana, las guitarras incomprensibles y el estribillo “just like honey…” 17 veces repetido). Oh l’amour de Erasure arma una gran fiesta en mis oidos a la que si estoy invitado -en un loft violeta, a muchos pisos del suelo-.

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Navegando encontré el trabajo de Spencer Finch.

Blue (one second brainwave transmitted to the star Rigel) | 1993, microwave signal at 44mHz, 1 inch x 186,000 miles; brainwave generated while looking at Hawaii Five-O, transmitted at the speed of light to the bluest star in the night sky, where it will arrive in about 960 years.

2 hours, 2 minutes, 2 seconds (Wind at Walden Pond, March 12, 2007) | 2007, 44 fans, wood, computerized dimmer board, 93 inches tall, 14 feet in diameter

Two Examples of Molecular Orbital Theory (Prussian Blue) | 2005, Fluorescent lights, filters, acrylic paint. This installation presents two physical theories of color. The left room creates Prussian blue with filtered light and white walls, the right room creates Prussian blue with white light and painted walls.

(link)

3 comentarios to “On the road/ Cozy places.”

  1. ambrose said

    me da guayabo no haberlos oído, espero que se repita la ocasión para disfrutar un ratico de sus hermosos temas y sus bonitas personas.

  2. aranta said

    siento mucho no haber ido, andy.
    siento mucho haber sido parte de la horrible semana.
    te quiero enormemente, te extraño.

  3. Extraño muchísimo la Sabana de Bogotá… cuánto quisiera abandonar este calor de baño turco y encontrarme de nuevo mirando por la ventana del bus mientras la colcha de retazos verdes (y las vacas) nos ven pasar…

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