Fontana Music Mix (Fragmento), John Cage.

Fontana Music Mix (Fragmento), John Cage.

Desde hace un tiempo me encuentro muy interesado en la composición por planos. La idea de superponer sonidos de distintas procedencias para que coexistan sin necesidad de coherencia armónica o tonal alguna me permite entender la música no solo como un ordenamiento equilibrado de alturas e intervalos sino como una experiencia sonora y tímbrica muchísimo más amplia, dónde son los sonidos de cualquier procedencia y no únicamente 12 notas las que estructuran el discurso sonoro. La versatilidad que permite el uso de sampleos, la posibilidad de reubicar y resignificar material de la vida diaria o de otras músicas en un nuevo lienzo, a manera de collage audible, así como la bella metáfora que ésta música hace del día a día (dónde miles de sonidos coexisten y generan una sinfonía siempre cambiante y viva) producen en mi una emoción difícil de explicar. Al escuchar canciones como Bodhisattva Vow o Get it together de los Beastie Boys y discos como Discovery de Daft Punk, Muddlin Gear de Jaime Lidell o The rose has teeth in the mouth of a beast de Matmos, aparecen frente a mi en todo su esplendor las posibilidades de esta aproximación a la composición. El empleo de sonidos inarmónicos ricos en espectro sonoro, dónde la fuerza expresiva y conceptual de la música cobra vida en el sonido desnudo que al ser extraído de su contexto original enmascara las asociaciones naturales que de él hacemos, nos introduce a una música abstracta, deforme, que genera conexiónes mentales y sensibles imposibles de encasillar, por siempre cambiantes, dadas a la indeterminación y a la eterna sorpresa. La paleta de combinaciones verticales y horizontales en la música se desprende por completo de las limitantes de los sistemas de afinación occidentales y la música trasciende su dominio privado para reacomodarse en la matriz natural de la que nace. Una vez más, a la manera de la antigua grecia o de las filosofías hindúes, se reconoce el valor de aquellos objetos sonoros que preexisten al hombre desde los albores del universo. Que bello es pensar en música que no pretenda borrar los sonidos de todos los días sino que pretenda, con humildad, unirse al tráfico, a los pájaros, al mar y las voces de la gente, que parta de ellos y regrese a ellos con la suavidad de las olas que al llegar e irse de la orilla dejan una tenue huella en la arena cuya forma no es imposible predecir.

“Music alone has the power to evoke as it will the improbable places , the unquestionable and chimerical world which works secretly on the mysterious poetry of the night, on those thousand anonymous sounds made when leaves are caressed by the rays of the moon”.
(C. Debussy.)

Si Debussy se valió del piano y la orquesta para retratar la poética onírica del mundo y Schoenberg empleo el atonalismo para retratar las facetas más deformes y extremas del alma humana, Cage empleó todo el potencial de la música para decirnos que aquello a lo que llaman silencio no es más el que el continuo de una música que ignoramos sistemáticamente, intentando intercambiar la arquitectura de todo cuanto nos rodea por espejos de nosotros mismos. A veces siento que es hora de contemplar, ver, maravillarse por el paisaje sonoro y visual que se reestructura con el separarse de los continentes, con el crecer de los árboles, como una bella obra de acción y proceso que permanece viva frente a nosotros.

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Y pasan los días, yo me quedo sentado en la ventanita del transmilenio, leyendo y leyendo y leyendo, y se me va el tiempo, mi cerebro se hunde en no se que sitios y mi espiritu se ilumina, una sonrisa se dibuja, y todo es un poco mejor. La vida con la nariz entre los libros es y siempre será mejor.

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XLV
Am leuchtenden Sommermorgen
Geh ich im Garten herum.
Es flüstern und sprechen die Blumen,
Ich aber, ich wandle stumm.

Es flüstern und sprechen die Blumen,
Und schaun mitleidig mich an:
Sei unsrer Schwester nicht böse,
Du trauriger, blasser Mann!

(Heinrich Heine, Dichterliebe, XLV)

Después de un día muy difícil de estudiar virtualmente sin ninguna pausa y avanzado con una lentitud desesperante (no con el sentimiento de que hace uno lo que le gusta sino de que está desorientado y probablemente todo lo que hace lo hace en vano) es bueno regresar a los placeres idiotas de siempre. Sentarse a escuchar música, leer poemas maravillosos, escuchar el piano escrito por Schumann sonar al estilo de las Arietas de Leon de Greiff (Señora la lluvia tocaba en su clave/ una canzonetta de melancolía,/ y yo se la oía/ – en ondas de ritmo, fonética nave) y descansar un poco pues la anterior fue una semana intensa en fiesta, pobre en sueño y con un aterrador domingo de trabajo acumulado (que no puede volver a manifestarse de la misma manera).
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Abracemos la vida con ansiedad serena dice De Greiff. Ansiedad serena, transparente, de días lluviosos.

agosto 8, 2007

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