El viaje de las nubes

julio 3, 2007

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Durante la mañana soñé que, parado al frente de las torres Jimenes de Quesada, me montaba encima de una camioneta roja que era conducida por una estudiante de los Andes absolutamente hermosa y también desconocida. Tras defendernos de un indigente lleno de rabia que nos intentó atacar, no sé porque resultó medianamente apropiado que yo continuara en el carro de la desconocida y que ella me invitara a su casa (A pesar de esta descripción la cosa no era para nada sugerente ni la persona mencionada mostró algún tipo de interés en mi). Allí adentro, en una especie de salón de cátedra de colores verduscos, gigantesco, había una piscina de aguas termales alimentada por chorros que caían de las paredes. Todo en el lugar respiraba brutalmente a clase muy muy alta, y yo me sentía algo fuera de lugar (En el recinto se encontraban los demás amigos de la Uniandina que eran igualmente hermosos y perfectos). Mientras ingresaba al agua mi amigo Dani Villegas llegó y me puse feliz de que estuviera ahí. La piscina, en el sueño, desapareció del todo. Estuvimos hablando un rato hasta que llegó Gina Parodi, con quien duramos hablando muchísimo tiempo también (tenía las gafas blancas con las que siempre sale en televisión y a pesar de su orientación política parecía ser una buena persona), y finalmente quedamos de salir los dos, en una cita romántica claro está, mientras Villegas aprobaba toda la situación.

Tras el sueño me levanté muy tarde, leí algunos artículos del malpensante (los dos de Isaak Babel que me parecierón bellísimos) y trabajé varias horas en los arreglos de algunas canciones. Por la noche Lucía y mi hermano llegaron con un ratóncito entre una caja grandísima: es nuestra nueva mascota. Los dos vieron el partido de fútbol mientras yo seguía trabajando y veía parcialmente algunas jugadas. Luego de esto vimos televisión un rato y me comí una lata de atún. El día se pasó a toda velocidad. (El ratoncito es hermoso, cuando tiene miedo se hace debajo de la rueda de la jaula y el resto del tiempo se la pasa corriendo sobre ella como si no hubiera mañana).

Ayer estuvimos Lucía, Juliana, mi hermano, Sánchez y yo en la marcha de lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas de Bogotá. Me es muy difícil escribir de por qué asistí a la marcha sin inmediatamente sentir que me estoy llenando la boca de un orgullo imbécil y me estoy montando a mi mismo en un pedestal ético al que no pertenezco (asistir o no asistir a este tipo de cosas no me hace a mi o nadie mejor o peor persona). Solo puedo decir que desde siempre la homofobia y la discriminación sexual me han dolido muchísimo, casi más que nada, y que el horror que me produce pensar que es lo que hay en la cabeza de quienes condenan a otros por ser quienes son en lo más profundo de si mismos, es infinito y muy doloroso. Me gustaría vivir en un sitio dónde la gente se pudiese amar y cuidar mutuamente sin miedo de ser discriminada, violentada o estigmatizada por no poder renunciar a una condición que de ninguna manera es errónea o condenable. Estar en esa marcha me alegró no tanto por la declaración que implica sino por poder ver que a mí alrededor la gente se toma de la mano, se quiere, y puede vivir sin miedo alguno. Y al romper esta barrera la vida también se llena de color, pues poco a poco aceptamos que cada cual al ser en realidad quien es está expresando las dimensiones infinitas que tiene lo humano, con cada brillo particular que hay en cada hombre y cada mujer. Y entonces me pregunto si un mundo así no sería una celebración hermosa de lo diverso, y no sería lo más cercano que existe a vivir la vida como una obra de arte. Todos los colores son hermosos, toda vez que no impidan que los demás brillen.

El estado restringe los derechos de las parejas homosexuales, manda un mensaje de guerra y aprueba frente a los ojos de sus ciudadanos la discriminación y la violencia. Puede acaso existir una sola actitud mas aberrante que ésta? Me dan escalofrios, me da asco, me da tristeza. Marché no porque hacerlo me haga una buena persona, sino porque mis dos pies no podían estar en un sitio diferente ese día. Hay algo en todo esto que atenta contra mí directamente, no porque sea yo la víctima de las decisiones del senado sino porque toda forma de asesinar lo diverso, de violentar lo múltiple, de cerrar y cerrar y cerrar hacia una visión unidimensional de las cosas hace hervir mi sangre en rabia y odio. Todos somos diferentes, hermosamente diferentes, maravillosamente diferentes. “Los derechos sexuales se ejercen, no se mendigan”, gritaban ayer, y yo estoy de acuerdo.
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Primero la montaña
Luego el viento y la sombra
Luego la montaña.

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El viernes ensayé gran parte del día donde Juan Pablo y sentí que podría dejar todo en mi vida por la bandita. Suena a cliché y me encanta porque no miento, y no hay nada más hermoso que amar el grupo en el que uno toca. Vuelvo a tener esa sensación absoluta de enamoramiento por la música que tenía en el colegio, cuando no existía mayor placer que el sonido, que las canciones, que reunirse con alguien más y hacer algo que llena de alegría el espíritu. Por la noche me tomé unos tequilas y entré a escobar. Por situaciones ajenas a mi la noche no terminó muy bien, en lo absoluto, y todo el sábado siguiente tuve una sensación terrible. La cosa mejoró en la noche cuando fuimos con mi hermano a ver Ratatouille, que me pareció preciosa y me animó un poco.

Siento miedo por M. Lo amo pero no sé que hacer. En este momento se me está drenando todo, todo es inútil. Me siento inútil, me da demasiada rabia y una tristeza muy profunda. No sé que hacer.
El lúnes leí muchísimo en un café en la 19 con tercera. Visité una tienda bellísima dónde vendían libretas y libros con tapas de hermosas, en un ambiente de taller de imprenta o de carpintería que me acordó mucho de mi papá pues el ama este tipo de oficios. Almorcé cerca de la Luis Ángel con mi hermano, Ade y Malu y luego todos se fueron. Me quedé en el café que mencioné leyendo “Plataforma”, y un poco trastornado subí caminando por el eje ambiental hasta la falda de monserrate. Allí me acosté en un pasto y observé por casi una hora el cerro de guadalupe, el viaje de las nubes y las sombras que proyectaban sobre el suelo y que terminaban por cubrirme y abandonarme a mi también. Deseé escribir un poema, todos estos días he tenido ganas de escribir un poema pero me enfrento todo el tiempo a tantos poemas hermosos que termino desistiendo. (Subiendo hacia la falda vi una casa rosada, bellísima, al lado de la universidad América, o como se llame. Debo regresar a ese sitio pues en el lugar funcionaba un café con buenos precios). Luego caminé hasta híbrido, hice garabatos y ya para esa hora llevaba muchísimo tiempo solo. Ese día, a pesar de que hubo momentos hermosos e intenté al máximo estar tranquilo, me pesó como algunas otras veces el no estar acompañado. Regularmente me da ese sentimiento y no puedo sino culpar a la química cerebral que hace que un día de mierda sea un buen día y un día lleno de buenas cosas se sienta como el peor del mundo sin motivo alguno (o al menos eso concluí esta semana). Más tarde mucha gente cayó al cumpleaños de Mario (el sitio tiene una decoración curiosa, como de casa abandonada) y me tomé un par de tequilas al lado, dónde doña Ceci, con Mario, Astrid y María, a quienes no veo mucho en general aunque me caen muy bien. También me ví con Rafa y el gordo, hablamos mucho y llegué a la casa a dormir.

7 comentarios to “El viaje de las nubes”

  1. aranta said

    me gusta tanto tu blog, tanto tanto.

  2. Natzz said

    Andy de verdad eres una persona demasiado demasiado bonita

  3. atalia said

    atalia.wordpress.com

  4. LauritaM said

    Escribiendodenuevoandrecillo.com

  5. Tu blog está salpicado de hermosas melancolías. Es evidente que estás lleno de curiosidad y contradicciones, de preguntas.

  6. Tu blog está salpicado de hermosas melancolías. Estás lleno de curiosidades y contradicciones, de preguntas.

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