abril 29, 2007

Anoche soñé con los botónes de peyote que comían Castaneda y su maestro en Las enseñanzas de don Juan, más solo hasta ahora entiendo que se trataba de ellos. En el sueño un grupo de rastafaris-punk en pro de la legalización de la droga (que cantaban sus canciones activistas en la zona de la circunvalar que desvía hacia la calera, mas o menos a la altura del parque “el chicó” en la séptima) me regalaban semillas (semillas!) de marihuana que venían acompañadas de una extraña baba multicolor. Yo tomaba una de ellas e inmediatamente sentía una fuerte alucinación. Últimamente sueño todo el tiempo con deslindarme del todo de la realidad. Las drogas de mis sueños siempre se ingieren: pepas, space cakes, semillas… Sueño también frecuentemente con episodios de locura en los que, a intervalos regulares y violentos, intercalo ataques de desquiciamiento y randomness con episodios de pura razón en los que siento un pánico criminal, el pánico de estar volviéndome loco. Es, sinceramente, uno de los miedos mas atroces que conozco; se trata de auténticas pesadillas. Intenté un par de veces comunicarselas a Juliana pero fue imposible, estas cosas son completamente intransferibles. No sé que pueda analizar de esto, pero sé que intuyo lo frágil y débil que es la frontera entre una realidad y otra.

Ayer estuve todo el día con Gloria en la feria del libro. Su compañía fue bonita, aunque no dejo de pensar todo el tiempo en cómo hemos cambiado y como de alguna forma ya no somos las personas inocentes que se conocieron hace casi cuatro años. A su lado, recuerdo cuando no era una persona terriblemente autoindulgente, cínica, predecible como lo soy hoy. Dos eventos, además de la grata compañía de la susodicha, llamaron mi atención: Las lozas de la calle que conecta la 26 con la feria de exposiciones, y un bellísimo libro en las exquisitas ediciones de Acantilado que contenía las conferencias sobre estética de Stravinsky en Hardvard, no recuerdo de que año. Este libro, tantas veces comentado por mi actual profesor de composición Juan Gabriel Osuna en alguna clase sobre contrapunto del siglo XVI hace unos dos o tres años (como pasa el tiempo!!!), me acordó también del bonito libro sobre Erik Satie que compró Villegas hace poco en la feria. Me encantaría tener ámbos pero no tengo dinero para ninguno de los dos. (La feria, como evento, no me gusta. Está repleta de gente y stands de administración y autosuperación. Es un gran supermercado, y para alguien sin dinero resulta un poco triste. Ya entiendo porque no iba hace tantos años).

Rikotto, la rockola Punk de la 82, se ha convertido en mi nuevo lugar de peregrinación. Me gusta bastante este sitio, aunque no tiene absolutamente nada de especial. Tras ir a la feria nos tomamos algunas cervezas allí con gloria, hablando sobre todo de asuntos del corazón. Sería bueno ser una chica para poder ser mas útil en estas situaciones, pero cada vez me siento mas predeciblemente masculino.

Por la noche mientras escribía el prólogo a este blog, hablé con mi amigo de infancia Juancho Eslava (quien vive ahora en Buenos Aires), a quien amo tanto y con quien compartí tantos millónes de momentos maravillosos que quisiera mas regularmente desempolvar. De alguna forma él me advirtió de los posibles problemas de una idea como ésta. Sólo se que quiero vivir más, más intensamente, para poder recopilar más, para poder tener más que decirme a mi mismo, para poder crecer muchísimo.

Recuerdo como caminaba alguna vez por la javeriana, y al sentimiento de cansancio de tener que rondar por las mismas escaleras y los mismos corredores que desde hace años recorro, le ganó el sentimiento de saber que aunque el sitio es el mismo, yo he cambio infinitamente. Soy otra persona, y con la lentitud de las plantas he crecido. No importa si las cosas en derredor no se transforman. Uno siempre tiene la posibilidad de hacerlo, se esté dónde se esté.

Esta mañana me acogió escuchando el maravilloso Junk-Pop de Beck, Soñar de Belanova y las percusiones místicas, contemplativas y maravillosamente relajantes del Six Marimbas de Steve Reich. Lo primero que escuché por la mañana, sin embargo, fue “Sexo en la tercera edad” de El Chivi, cortesía de Seb. Definitivamente fue bueno despertarme con una sonrisa.

Una respuesta to “”

  1. Narrador said

    esta es la cosa más liberadora del mundo, es nuestro único seguro mental.

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